El testamento del empresario puede establecer previsiones especiales en torno a la representación de las acciones y participaciones que, a su deceso, formen parte de su caudal relicto. El buen gobierno de la empresa y hasta su propia viabilidad y supervivencia pueden depender de que el empresario, en ejercicio de su responsabilidad, haya dejado bien ordenada su última voluntad en este sentido.

Desafortunadamente, la planificación sucesoria no siempre forma parte de la agenda del empresario, o aun estando presente se encuentra relegada a otros eventos y citas de todo tipo. Con cierta habitualidad, como consecuencia, las sucesiones mal planificadas producen incidencias en el funcionamiento de las sociedades mercantiles.

Una de estas situaciones se produjo en una sociedad anónima madrileña y ha sido resuelta recientemente por la sentencia del Tribunal Supremo de 6 de junio de 2016. La cuestión discutida en el pleito es a quién corresponde la representación de las acciones tituladas por el difunto a la fecha de su muerte.

La sociedad demandada propone que el artículo 1020 del Código Civil y, en relación con éste, el artículo 795.2 de la Ley de Enjuiciamiento Civil son aplicables al caso, como normas especiales, aun habiendo sido aceptada la herencia, al encontrarse aún indivisa. La argumentación llevaría a que las acciones quedaran bajo representación del “coheredero que represente la mayor parte de la herencia”. Los actores, que representan una cuota mayoritaria sobre la herencia aceptada pendiente de partición, proponen la aplicación del artículo 398 del Código Civil, que les atribuiría la representación de las acciones como “mayoría de partícipes”.

En este caso, el Tribunal Supremo tiene en cuenta que las acciones del causante pertenecen a una herencia que, si bien estaba pendiente de dividir entre los derechohabientes del finado, ya había sido objeto de aceptación. Entre las dos posibles tesis, la sentencia da la razón a los demandantes y considera aplicable el artículo 398 del Código Civil, por lo que les confiere la representación de las acciones del causante como “mayoría de partícipes” en su herencia, en tanto representantes de la mayor cantidad de intereses o mayor capital de la comunidad. Cita también en apoyo de su doctrina el artículo 126 de la Ley de Sociedades de Capital.

Sin perjuicio de la aportación doctrinal que deja esta nueva sentencia del Tribunal Supremo tanto para el Derecho de Sociedades como para el Derecho de Sucesiones, permite además recordar la trascendencia de la planificación patrimonial post mortem del empresario. Bastará muchas veces con otorgar un instrumento tan sencillo y barato como un testamento.

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